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¿Existe relación entre desodorantes y cáncer de mama?

Imagen de Alan. Image munky

Al menos una vez al mes hago un alto en el análisis comparativo de productos para abordar otros temas relacionados con la salud. Esta semana me voy a ocupar de los desodorantes que contienen sales de aluminio, que son la inmensa mayoría.

Antes de nada conviene aclarar que genéricamente llamamos desodorantes lo que en realidad son antitranspirantes. En rigor, un desodorante es un producto antibacteriano cuyo único fin es evitar la aparición de malos olores cuando se produce sudoración corporal, mientras que un antitranspirante lo que busca es bloquear parcialmente dicha sudoración. Pues bien, la gran mayoría de “desodorantes” que se venden en el mercado contienen sales de aluminio, sobre todo clorhidrato de aluminio, una sustancia que es sospechosa de estar relacionada con el cáncer de mama.

Aunque ya desde la década de los 90 se viene sospechando dicha relación, uno de los primeros estudios que dio la voz de alarma de manera más seria fue el llevado a cabo por investigadores de la británica Universidad de Keele que hallaron importantes concentraciones de aluminio en los senos y zonas axilares de mujeres que habían padecido cáncer de mama. Otras muchas investigaciones han demostrado en animales la relación entre el aluminio y otros tipos de cáncer, y sugieren que es muy probable también se dé en seres humanos.

Este riesgo, que sería aún mayor en caso de daños en la piel como consecuencia de la depilación, parece no ser suficiente para algunos organismos tan importantes como el Instituto del Cáncer de Estados Unidos, que considera que aún no se ha demostrado dicha relación de manera suficientemente clara. Pero ojo a su conclusión sobre esta controversia dirigida a tranquilizar a la población porque  a mí me resulta muy poco tranquilizadora: “No hay estudios conclusivos que relacionen el uso de antitranspirantes o desodorantes en las axilas con el cáncer de seno (mama). Los estudios de investigación acerca de los antitranspirantes o desodorantes que se usan bajo el brazo han terminado y sus resultados son contradictorios“.

Esto quiere decir que existen unas investigaciones que demuestran estos riesgos, mientras que otros estudios no han encontrado riesgo alguno. Por tanto, el Instituto del Cáncer de Estados Unidos afirma lo siguiente: “Ya que los estudios de antitranspirantes y desodorantes y el cáncer de seno han proporcionado resultados conflictivos, se requiere más investigación para investigar esta relación y otros factores que pueden estar involucrados”.

Algunos médicos, como el Dr. Villegas, (cuya lectura recomiendo encarecidamente) sospechan que han sido las fuertes presiones de la industria del aluminio las que han logrado que las autoridades prefieran esperar a que la evidencia con el cáncer de mama sea irrefutable. Lo malo es que, en caso de ser cierta, esta espera puede suponer la enfermedad y/o muerte de miles de personas.

Lo lógico sería que las autoridades sanitarias aplicaran el principio de precaución, cuya definición formulada en la conferencia de Wingspread no deja lugar a dudas: “Cuando una actividad representa una amenaza de daño a la salud humana o al medio ambiente, se deben tomar medidas de precaución incluso cuando algunas relaciones de causa y efecto no están totalmente establecidas científicamente”.

Sin embargo, tal y como ocurre con el bisfenol A, las agencias gubernamentales prefieren esperar hasta que no quede más remedio que reconocer que efectivamente es perjudicial, como ya ocurrió con el amianto o el DDT en el pasado. Afortunadamente, ya hay en marcha nuevas investigaciones como la de un grupo de científicos bolivianos que hace unos meses salió en prensa.

De momento, ante la duda, yo empezaré a utilizar desodorantes sin sales de aluminio.

 

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