No+Aditivos

Croquetas de carne: unas con un 0’3% de pollo y otras con hasta 14 aditivos distintos

Imagen tomada por Aida (Flickr CC)

Las croquetas se tienen que hacer en casa, no solo porque están más ricas sino también porque se hace con los ingredientes justos y necesarios: ni uno más, ni uno menos. No obstante, hay que reconocer que la elaboración de croquetas caseras requiere de un tiempo del que no siempre se dispone, lo que convierte a las que venden congeladas como una opción de gran utilidad.

Lamentablemente, a pesar de la enorme variedad que existe (he encontrado más de 30 tipos diferentes en cinco cadenas de supermercados distintas), sus ingredientes dejan mucho que desear:

Como son muchos los productos que he encontrado, he decidido dividir las croquetas entre dos entradas diferentes. Hoy me ocupo de las de carne (pollo, jamón, cocido), y en esta misma semana publicaré una entrada más breve con las del resto de rellenos (bacalao, marisco, boletus…).

Esta es la tabla comparativa resultante sobre las croquetas con relleno de carne:

Tabla comparativa de aditivos en las croquetas de carne

Al observar la tabla se puede comprobar fácilmente que solo hay tres o cuatro marcas que resultan recomendables (únicamente añaden almidón), y todas ellas son de pollo fundamentalmente. En concreto se trata de las croquetas de cocido de Preli (una marca que trabaja fundamentalmente para Mercadona), las de pollo de La Cocinera y las de estofado de pollo de la gama” artesanas” de esta misma marca. En todo caso, también podríamos añadir entre las recomendables las croquetas de pollo de Carrefour, aunque incorporan goma guar, E-412, que coloreo de amarillo porque algunas personas pueden presentar reacciones alérgicas, pero la mayoría no tiene que preocuparse. También añade el colorante caramelo natural, E-150a, que es inofensivo, aunque a mí no me gusta un pelo su uso porque el objetivo es darle un tono más oscuro para engañar al consumidor haciéndole creer que contiene más “sustancia” de la que realmente lleva. Además, estas cuatro marcas no contienen aceites ni grasas desaconsejables para la salud.

Exceptuando éstas, no recomiendo ninguna otras porque o bien añaden nitritos y nitratos, E-250 y E-252, o bien incorporan fosfatos, E-450 o E-451. Pero lo peor de todas son aquellas que buscan engañar la vista o el paladar del consumidor haciéndole creer que está tomando un producto de calidad con muchos ingredientes “sustanciosos”. Para ello algunas marcas echan mano de los potenciadores del sabor y de colorantes como la cochinilla (¡Puajjj!), E-120, o el caramelo amoniacal, E-150c, o caramelo de sulfito amónico, E-150d, e incluso el annato, E-160b, para darle un tono amarillo oscuro. Todos ellos poco recomendables para un consumo habitual tal y como ya he comentado en este blog en numerosas ocasiones anteriores (¡utiliza el buscador de arriba a la derecha!).

Con respecto a los potenciadores del sabor, algunas marcas incorporan hasta tres tipos diferentes a la vez. En total, son estos los que aparecen: glutamato monosódico, E-621; glutamato monopotásico, E-627; inosinato disódico, E-631; y el 5′-ribonucleótidos disódico, E-635. Todos ellos estimulan artificialmente el apetito. Además, el glutamato monosódico debe ser consumido con mucha precaución por personas sensibles; está desaconsejado para bebés y niños, y también es conveniente que lo eviten las personas asmáticas. Los otros tres, en dosis elevadas, se transforman en ácido úrico, lo que puede ser perjudicial para quienes padecen gota o puedan padecerla. Y, sobre todo, es una tomadura de pelo al consumidor ya que sirven para disfrazar ingredientes escasos o de mala calidad. Sin ir más lejos, resulta sangrante que la marca Price, de la empresa AudensFood, haga sus croquetas de pollo con solo un 0,3% de carne de pollo (no llega ni a 1 gramo de pollo por croqueta). En realidad estás tomando agua, harina y potenciador del sabor para que esa masa parezca que tiene pollo.

En conclusión: mejor las marcas que solo contienen almidón, grasas saludables y, preferiblemente, una buena proporción de “sustancia” cárnica para evitar pagar la harina a precio de pollo o jamón.

En unos días seguimos hablando de croquetas.

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