No+Aditivos

Zumos: pocos aditivos pero mucha confusión

Etiquetado demasiado parecido entre el zumo y el néctar de naranja Granini

El sector de los zumos de frutas y sucedáneos es una jungla. Esta es la principal conclusión a la que he llegado realizar un estudio comparativo de más de 130 productos de este tipo. En este periplo me he topado con zumos exprimidos, zumos procedentes de concentrado, néctares, bebidas a base de zumo, sin azúcares añadidos (pero con edulcorantes), con azúcares añadidos (y ¡¡con edulcorantes!!), con pulpa, sin pulpa… Vamos, un lío tremendo que lo único que consigue es sumir al comprador en un mar de confusión de manera que, al final, no sabe qué es lo que está comprando (ni bebiendo) en realidad. A esto se suma el etiquetado de algunos de estos productos que aumentan la confusión.

Ante este volumen tan elevado de productos, he tomado la decisión de dividir el tema en tres entradas distintas: una de zumos, otra de néctares y la última sobre bebidas a base de zumos. Así que hoy toca hablar de zumos.

La legislación vigente establece que el zumo es el producto susceptible de fermentación, pero no fermentado, obtenido por procedimientos mecánicos de extracción de las partes comestibles de una o varias especies de frutas en buen estado. Al jugo obtenido se podrán reincorporar el aroma y la pulpa y las células que hayan perdido en el proceso de extracción.

Aditivos en los zumos de frutas

De otro lado, están los zumos a partir de concentrado, que es el producto obtenido al reconstituir el zumo de frutas concentrado con agua potable por los procesos físicos habituales. Es decir, primero lo deshidratan y, después, lo reconstituyen con agua. ¿Cuál es el motivo? Muy sencillo: la fruta y la mano de obra es mucho más barata en países lejanos, como Brasil, por lo que los fabricantes elaboran allí el zumo, le eliminan casi toda el agua y así resulta más barato y fácil de transportar. Posteriormente, aquí le añaden agua al concentrado para volver a tener zumo. Lógicamente, el sabor y aroma no son los mismos que en el caso de un zumo que no procede de concentrado… pero el precio tampoco lo es.

Tal y como se aprecia en la tabla comparativa que he elaborado, la mayoría de los zumos prescinden de los aditivos, lo cual es una muy buena noticia. Los únicos que aparecen son, además, inofensivos para la salud (excepto si se tiene sensibilidad a los sulfitos ya que, al parecer, el ácido cítrico les puede causa malestar). Los pocos aditivos encontrados en el etiquetado son, en concreto, E-300, ácido ascórbico; E-330, ácido cítrico y E-440, pectinas.

Mención aparte merecen algunos zumos como, por ejemplo, el de naranja de Granini cuyo etiquetado es demasiado parecido a su néctar de naranja (ver imagen de arriba) lo que fácilmente puede inducir a error al consumidor. Más sangrante aún es la estrategia de Zumosol en sus variedades multifrutas, anunciando a bombo y platillo el ingrediente más exótico cuando, en realidad, es el que menos presencia tiene en el zumo. Estos son algunos ejemplos:

Parece claro que el objetivo de esta censurable estrategia de Zumosol no es otro que hacer creer al consumidor que ese zumo contiene una cantidad mucho mayor del ingrediente exótico en cuestión.

Hasta aquí el apartado dedicado a los zumos. El néctar será el protagonista de la entrada. siguiente.

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